Bueno... Llevo ya dos dias aquí y parece que empiezo a acostumbrarme a las peculiaridades de la vida en Manila. Aunque el repugnante olor que toma la humedad al mezclarse con la polución fruto del absurdo y caótico tráfico no deja de ser dificil de asumir (más, sobre todo, por la desagradable sensación de sentirte las 24 horas del día sudado y pegajoso), la temperatura se ha relajado ligeramente (o nosotros nos hemos acostumbrado) y la bofetada de calor ya no es tan dolorosa al salir a la calle.
Esta noche, pese a despertarme 3 o 4 veces dando vueltas entre las sábanas, pude dormir hasta más tarde y amanecer finalmente a eso de las 5 de la madrugada. Como hasta las 9 no teníamos la segunda sesión del Foro Internacional de Democracia y Cooperación, decidí quedarme en la cama mientras esperaba a que el servicio de habitaciones nos trajera el desayuno. No fue muy efectivo, pues alguien en recepción olvidó pasar la información a cafetería y en toda la mañana no apareció nadie con el "American Breakfast" que había encargado.
Despues de escribir las lineas básicas de la clase sobre la integración de América Latina al mercado mundial que tendremos que pronunciar ante 20 o 25 personas el 8 de Julio, salí al pasillo del hotel para encontrar a Mireya preguntándose que habría sido de la tortilla con zumo de naranja que pidió por la mañana. Tras un breve intercambio de desconcierto y estupefacción a causa del misterio de los desayunos, le pedí que me esperara mientras me daba una ducha bien fría (único modo de combatir el calor y de desprenderse de la pegajosa película que envuelve nuestros cuerpos constantemente). Preparé las cosas, me vestí y bajé a reclamar el tan anhelado desayuno que nos correspondía. Hoy, a diferencia de ayer, Zumo de Piña (Si es que al polvo que mezclan con el agua se le puede llamar Zumo...).
Después, un poco de facebooking y, de nuevo, rumbo al FIDC...
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