Recuerdo que hace unos años, cuando buscaba información sobre la (todavía viva) revolución maoista en Nepal, me chocaba que siempre, en todos los comunicados de la guerrilla, el feudalismo apareciese denunciado como una de las primeras causas de la injusticia y fuese eliminarlo el principal objetivo de la lucha revoluciónaria. ¡El Feudalismo! En mi cabeza de occidental no cabía concebir que tal realidad siguiese vigente en el mundo en que vivimos. Estos días en Asia, sin embargo, presenciamos constantemente escenarios en los que la acaparación de la tierra en manos de distintos “landlords” fuerza a los campesinos a tener que trabajar para señores feudales entregando como contrapartida cantidades que, a veces, llegan al 90% de lo cosechado, con el mero fin de poder disponer de un pequeño terreno con el que alimentar a sus familias. A su vez, dado que son campesinos sin recursos, se ven obligados a “comprar” o alquilar a los propios terratenientes las herramientas y fertilizantes necesarios para trabajar la tierra, quedando presos así de nuevas deudas que se llevan el poco resutado disponible de su producción y recursos.
El feudalismo, ese régimen de administración de la tierra y la lealtad que en Europa nos suena a algo propio de la Edad Media, se mantiene hoy como una de las realidades que someten a millones de campesinos asiáticos a algunas de las más crudas injusticias de nuestro mundo. Tras las (no tan reales) independencias de las colonias europeas en Asia, se mantuvieron las estructuras de posesión de la tierra perviviendo haciendas, terratenientes, señores feudales, familias aristocrática y muchos otros grupos sociales despóticos y formas de dominación en paises como Nepal, Bangladesh, Indonesia, Thailandia o Filipinas.
Cuando hace unas semanas nuestro compañero de piso y colega en la oficina Patrick afirmaba que, pese a todas las turbulencias, la Revolución Cultural China, abanderada por los líderes comunistas para acabar con todo remanente de la Sociedad Feudal en el país, “triunfó”, no pude si no escandalizarme dado todo lo que habitualmente leemos y escuchamos en Europa acerca de dicho periodo. Lo cierto es que estos días, despues de ver como el feudalismo permanence vivo en todos los paises que no acometieron su revolución comunista en la segunda mitad del siglo XX, entiendo (sin aceptar sus excesos, o como muchas veces fué un arma contra toda disidencia) cual fué la importancia de la Revolución Cultural para acabar con los residuos persistentes de más de 2.200 años de dinastías teocráticas y aristocracias feudales crueles y explotadoras en el Imperio del Centro.
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